VOLUNTARIADO: LA PATA “SOLIDARIA” DE LA PRECARIZACIÓN LABORAL

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VOLUNTARIADO:

LA PATA “SOLIDARIA” DE LA PRECARIZACIÓN LABORAL

Buenos Aires, 23 de septiembre de 2016

Hace 12 años, el Estado nacional legalizó el ejercicio del voluntariado al promulgar la Ley Nacional de Voluntariado Social (LNVS). De acuerdo al primer artículo, la “ley tiene por objeto promover el voluntariado social, instrumento de la participación solidaria de los ciudadanos en el seno de la comunidad, en actividades sin fines de lucro, y regular las relaciones entre los voluntarios sociales y las organizaciones donde desarrollan sus actividades”. El segundo artículo de la Ley 25.855 explicita qué entiende por “organizaciones en las que se ejerce el voluntariado social”: son aquellas “personas de existencia ideal, públicas o privadas, sin fines de lucro, cualquiera sea su forma jurídica, que participen de manera directa o indirecta en programas y/o proyectos que persigan finalidades u objetivos propios del bien común y del interés general, con desarrollo en el país o en el extranjero, ya sea que cuenten o no con el apoyo, subvención o auspicio estatal”. El artículo 4 añade que la “prestación de servicios por parte del voluntario no podrá reemplazar al trabajo remunerado y se presume ajena al ámbito de la relación laboral y de la previsión social”, mientras que el artículo 5 menciona a los “servicios culturales” entre las “actividades de bien común y de interés general” donde se puede ejercer el “voluntariado social”.

De la letra de la Ley 25.855 se desprende una idealización éticamente positiva del voluntariado: no se estarían suplantando prácticas profesionales remuneradas ni empleando mano de obra gratuita. Sin embargo, a futuro, el antecedente (¿laboral?, ¿no laboral?) de ser (o haber sido) voluntario será una vía de acceso a un puesto de trabajo: el artículo 14 refiere que la “actividad prestada como voluntario, debidamente acreditada, constituirá un antecedente de valoración obligatoria en los concursos para cubrir vacantes en los tres poderes del Estado”. Así, el artículo 14 estaría legitimando al voluntariado como un “mal necesario” (o “solidariamente necesario”, según la visión moral de quien esté leyendo esto) para, en algún momento, obtener un trabajo remunerado (en museos, bibliotecas, etc.) de alguna cámara legislativa, juzgado o ministerio estatales.

El voluntariado en las redes de la precarización laboral

Más allá del espíritu altruista de la LNVS, dicho espíritu convive con la materialidad de otra Ley de leyes sobre la que se yergue el capitalismo y que no está escrita en ningún manual jurídico: la explotación de trabajadores que, para vivir, deben vender su fuerza de trabajo en el mercado laboral. Como se sabe, el capitalismo se funda en la explotación de trabajadores “libres en el doble sentido de que ni están incluidos directamente entre los medios de producción como sí lo están los esclavos, siervos de la gleba, etcétera, ni tampoco les pertenecen a ellos los medios de producción […] hallándose, por el contrario, libres y desembarazados de esos medios de producción” (Karl Marx, El Capital). En el mercado se enfrentan y entran en contacto “dos clases muy diferentes de poseedores de mercancías”: los capitalistas (que explotan la mercancía “fuerza de trabajo” ajena) y los asalariados (que venden como mercancía su fuerza de trabajo al capitalista).

En una sociedad -la capitalista- donde todas las personas son “libres”, unos (los menos) ejercen la libertad de explotar la fuerza de trabajo de otras personas (la mayoría), quienes a su vez libremente eligen vender su fuerza de trabajo al capitalista libre; y al mismo tiempo -por fuera aunque al lado de esta concurrencia de unos y otros en el mercado libre de trabajo- hay personas libres (“ciudadanos”) cuya “participación solidaria en el seno de la comunidad” es a través de la “prestación de servicios” por medio del voluntariado que -remarca la LNVS- “no podrá reemplazar al trabajo remunerado”.

En el capitalismo, los trabajadores desocupados constituyen un “ejército industrial de reserva” cuya contracción o expansión numérica regula “los movimientos generales del salario” (Marx, El Capital). Si cae la actividad económica productiva, el capitalista, para preservar parte de su capital total, se desprende del capital variable (fuerza de trabajo). Esos poseedores de fuerza de trabajo son trabajadores que quedan desocupados. Cuando la masa de trabajadores desocupados se eleva, los trabajadores ocupados, ante el temor/perspectiva de perder su vital fuente de ingreso (salario), es probable que pierdan muchas batallas en la guerra de clases contra los capitalistas. Es lo que ocurre actualmente en Argentina: mientras la desocupación crece, el salario real decrece (cfr. sólo a modo ilustrativo las notas “Los juegos del hambre” -ATACA- y “Menos empleo, menos salario y menos producción” -Página/12-).

A lo señalado en el párrafo anterior hay que agregar la realidad de precarización laboral instalada desde hace décadas producto de las sucesivas derrotas sufridas por la clase trabajadora en diferentes momentos históricos de la lucha de clases en Argentina (grosso modo y sin ponernos exquisitos, durante los años 1975-1983 y 1989-2001).

En el actual contexto de desocupación galopante, donde miles de jóvenes que buscan su primer empleo son contratados “a prueba” durante tres meses o directamente con contratos “basura” y “a término” con salarios por debajo de la línea de la pobreza (como los que cobran los pibes y las pibas que acceden a su primer empleo en McDonald’s; o las trabajadores y los trabajadores que limpian oficinas públicas estatales y tienen contrato con una empresa de “personal eventual”); donde está en estudio la posibilidad de aumentar la edad mínima para jubilarse, donde proliferan los “retiros voluntarios” en el ámbito laboral estatal y privado además de las “suspensiones” en la industria, donde más del 42% de la población económicamente activa trabaja de manera informal y otro porcentaje importante de trabajadores ocupados está registrado de manera precarizada (monotributistas “autónomos”, “tercerizados” y “de planta transitoria” que en los hechos hacen tareas permanentes con las mismas obligaciones que los asalariados que están “en blanco” pero con beneficios y derechos más desfavorables), donde la inflación crece descontroladamente al mismo tiempo que el salario real decrece, en fin, en una sociedad donde aumenta la pobreza y los pocos ricos son cada vez más ricos es que hay que analizar la función del voluntariado, es decir, en relación con el mercado de trabajo.

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Hemos visto que el voluntariado es promocionado desde el Estado (de acuerdo a la Ley 25.855) como “antecedente” para, el día de mañana, obtener un empleo público. Pero es también una vía de acceso al empleo privado: muchos “voluntarios” lo son en la perspectiva de obtener en el futuro un trabajo (precario o no). Y aquí juega un papel de primer orden el rol de la “Fundación”. Cualquier fundación busca captar fondos (privados o públicos) para concretar proyectos de interés “general” y/o que tengan una finalidad “social”. Pero no lo hace sólo por motivos altruistas sino también capitalistas: el Estado (que reproduce la relación social capitalista en la que vivimos) ayuda a estas entidades del llamado “tercer sector” con ventajas fiscales, fundamentalmente exenciones de impuestos. Además de esta ventaja “económica”, la Fundación obtiene reputación social… ¡y empresarial! ¿Quién no recuerda alguna publicidad sobre el hambre en el mundo, con música lacrimógena, que finaliza con un eslogan trillado mientras se lee en pantalla el nombre de la empresa elaboradora de alimentos precedida por la palabra “Fundación”? ¿O aquel concurso de fomento al “arte joven” auspiciado por la fundación de un banco? Por medio del marketing, estas empresas se legitiman socialmente al mismo tiempo que maximizan sus ganancias…

Gracias al voluntariado en la Fundación, el voluntario entra en contacto con el mercado laboral. Y la Fundación sella alianzas con empresas privadas y/o con el Estado. Veamos cómo se entrelazan el tercer sector y el capitalismo privado y de Estado en el mercado laboral tomando algunos ejemplos de voluntariado en museos en la Argentina de esta década, 2010.

“CreandoRED” es un proyecto “dirigido a integrantes y representantes de museos, espacios culturales e instituciones sociales que trabajan o están interesadas en el arte, las personas mayores y la inclusión social”, dice la Fundación Navarro Viola desde su página web. “Con CreandoRED, iniciativa desarrollada por la Fundación Navarro Viola y en alianza con la Dirección Nacional de políticas para Adultos Mayores, Ministerio de Desarrollo Social de Nación, buscamos concientizar y facilitar la construcción de acciones conjuntas que pongan en concreto un compromiso colectivo por promover una mayor apertura (acceso, inclusión, participación) de las personas mayores en proyectos culturales y museos de nuestro país. [El programa] cuenta, además, con la colaboración de la Red de Educadores de Museos y Centros de Arte de Argentina (REMCAA), la Embajada Británica en Buenos Aires, el Museo MALBA, el área de Inclusión Cultural del Gobierno de la Ciudad [de Buenos Aires] y la Federación Argentina de Amigos de Museos [FADAM]”, explicita la mencionada Fundación (las negritas son nuestras).

Vemos así el entramado de organismos que entran en combustión: la iniciativa surge de una fundación (que, como las ONG, forma parte del “tercer sector”) que se alía con el Estado (por medio de una Dirección del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación) y que cuenta con la colaboración de otros dos Estados (uno municipal -el de la ciudad de Buenos Aires-, otro europeo -Gran Bretaña-), de un museo privado (MALBA) que es financiado por medio de una Fundación (Eduardo F. Costantini), otra organización del tercer sector (la ONG sin fines de lucro FADAM) y “un espacio de referencia [constituido con el propósito de contribuir] a la profesionalización del campo de la educación en museos” (REMCAA). Estos encuentros motorizados por las siete instituciones mencionadas (tres estatales y cuatro del “tercer sector” o “entidades no lucrativas” u “organizaciones de la sociedad civil” -forzando aquí la inclusión del MALBA-) se realizaron en 2015.

Para que las actividades de las fundaciones funcionen hacen falta agentes, es decir, personas que accionen. Estos agentes del voluntariado hacen “carrera” en fundaciones. Así, por ejemplo, jóvenes profesionales que comienzan como voluntarios en fundaciones, al cabo de un tiempo comienzan a cobrar (o no) por su función como gestores, con cargos de responsabilidad. Y también vemos que una persona voluntaria (ad honorem) que gestionó como “especialista invitada” las actividades del programa de determinada fundación, al año siguiente es “coordinadora ejecutiva” (rentada) de otra fundación. Y más tarde esa misma persona que cobra (o no: puede ser nuevamente voluntaria) por su trabajo en una fundación llegará a ser funcionaria (con cargo ejecutivo y/o de dirección, remunerada) del Estado. Los casos del actual Secretario de Patrimonio Cultural del Ministerio de Cultura de la Nación y de la Jefa de Gabinete de la mencionada Secretaría son ilustrativos: antes de convertirse en gestores culturales del Estado fueron Presidente y Coordinadora de proyectos de la Fundación TyPA, respectivamente.

Pero no se trata de demonizar a determinados agentes individuales que promocionan el voluntariado: la culpa no la tiene el chancho sino la estructura productora de chanchos, es decir, el chiquero. Por eso debemos historizar la función estructural del voluntariado en el capitalismo actual para entender que las fundaciones no son una figura legal de creación reciente y que han sabido coincidir en una misma iniciativa Estados gobernados por alianzas políticas de disímil signo ideológico.

En el caso testigo (CreandoRED), el proyecto se materializó en 2015. La Fundación Navarro Viola [en adelante FNV] fue reconocida por el Estado en 1974, cuando Juan Perón estaba muerto pero seguía gobernando el peronismo. Quien administraba el Estado nacional en 2015 era el Frente para la Victoria (“kirchnerismo”); el organismo estatal que junto con la FNV motorizó el programa CreandoRED dependía del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación; Alicia Kirchner era quien comandaba el mencionado ministerio, cargo ejercido durante 12 años, es decir, durante el mandato presidencial de su hermano Néstor y durante los ocho años de su cuñada Cristina Fernández; quien gobernaba la ciudad de Buenos Aires era Mauricio Macri, del PRO, que desde el 10 de diciembre de 2015 es presidente de la Nación. Antes, entre 2003 y 2007, durante el gobierno de Néstor Kirchner, el actual Secretario de Patrimonio Cultural del Ministerio de Cultura de la Nación, Américo Castilla, había ejercido un cargo de características similares. Luego de renunciar en 2007 a su cargo estatal, Castilla desempeñó funciones en la Fundación TyPA. Durante el kirchnerismo, la contratación de trabajadores precarizados fue la norma en el mercado laboral de Argentina, sobre todo en la administración pública. A comienzos de 2016, gracias a la existencia de trabajadores precarizados bajo las figuras contractuales de “locación de obra/servicio” y “artículo 9 de la Ley Marco del Empleo Público” -modalidades de contratación que emergieron con fuerza durante el gobierno de Menem-, el gobierno de Cambiemos (PRO-UCR-CC) “no renovó” contratos de miles de trabajadores.

La mención de estos “hombres y estructuras” (Georges Duby dixit) en su devenir histórico permite saber que las fundaciones no son una figura legal de creación reciente y que sincrónicamente (durante 2015) coincidieron en una misma iniciativa Estados gobernados por alianzas políticas de disímil signo ideológico (el kirchnerismo en la Nación, el PRO en la ciudad de Buenos Aires). Sin embargo, en diversas condiciones históricas, la acción del voluntariado puede incidir estructuralmente en la agravación de ciertos fenómenos. Uno de esos fenómenos, en 2015 pero sobre todo en 2016, se llama “precarización laboral”.

Voluntades precarizadas

El 27 de julio de 2016, una nota del diario Clarín se tituló: “Mayores de 60 trabajarán como voluntarios en dos museos”. La bajada de la nota indicaba: “En La Plata. Los convocan para trabajar en el área de Educación y hacer visitas guiadas. Antes, tendrán una capacitación”. La nota señalaba: “El Museo de Arte Contemporáneo Latinoamericano de La Plata (MACLA) y el Museo Municipal de Arte de La Plata (MUMART) lanzaron, en conjunto, un llamativo proyecto para incorporar a sus planteles nuevos guías de arte. Se trata de un voluntariado para mayores de 60 años que tengan disponibilidad horaria para cumplir con esa función. Saber de arte no es un requisito inicial, aunque sumará puntos, y sí deberán tener conocimientos generales en el campo de las artes. Se requerirá residir en la capital bonaerense y tener habilidades para hablar en público. La iniciativa, que no llevará aparejada ninguna remuneración, cuenta con el respaldo de la Fundación Navarro Viola. […] También se les darán claves para trabajar en el diseño de nuevos talleres educativos para niños, jóvenes y adultos”.

En el actual contexto de desocupación, deterioro del salario real, y de mantenimiento y aún profundización de las condiciones que facilitan la contratación precaria de trabajadores, el voluntariado es funcional al deterioro del nivel de vida de los trabajadores. Esta sofocante realidad social existe más allá de si el voluntariado acciona en el ámbito privado o en la esfera pública municipal (los museos mencionados en la referida nota de Clarín), provincial o nacional.

Sin ir muy lejos en el tiempo, recordemos lo que ocurrió a comienzos de 2016 en los museos nacionales. Entre los centenares de despedidos, hubo decenas de trabajadores que se desempeñaban en el área de educación, varios de ellos como guías de arte. Producto de la lucha conjunta de los trabajadores ocupados y despedidos del ámbito de los museos solidariamente unidos con otros trabajadores del ámbito de la cultura y el arte, algunos de ellos fueron reincorporados. Antes y después de ser reincorporados, la mayoría de estos trabajadores estaban empleados de manera precaria, vía “locación de obra y servicios” o “planta transitoria” (es decir, trabajadores que cumplen tareas permanentes pero que no tienen los mismos beneficios que los empleados de “planta permanente”). Este año, en el marco de su programa “Arte en acción” (creado en 2014), la FNV concretará lo planeado con el Estado nacional (y también con el Estado municipal y con diferentes espacios de gestión privada del patrimonio museístico) y promoverá “la participación de los voluntarios mayores de la FNV en museos y espacios culturales de la ciudad de Buenos Aires […] accionando como mediadores culturales, e invitando a la comunidad a vivir los museos con otra mirada”. Explica la FNV que “detrás de las visitas que lideran se esconde un proceso de trabajo de estos mayores con los equipos educativos de cada museo. El trayecto inicia cuando los voluntarios mayores conocen el museo y la muestra por primera vez, obteniendo un primer acercamiento al patrimonio del lugar. A continuación, durante los siguientes encuentros, los voluntarios trabajan junto al equipo educativo conociendo en profundidad las obras, el contexto histórico, la trayectoria de su autor y otros datos que luego los ayudarán a elaborar su propuesta. […] Todo este trabajo en conjunto, llevado a cabo durante alrededor de un mes, se ve plasmado en las visitas guiadas que lideran los mayores y de las que disfrutan invitados de todas las edades pero, principalmente, sus pares. […] Desde el comienzo de esta iniciativa, nuestros hoy 24 voluntarios mayores estuvieron desempeñándose como mediadores culturales en: Museo MALBA; Palais de Glace; Museo Larreta; Espacio de Arte Fundación OSDE; Museo Nacional de Bellas Artes; Museo José Hernández; Museo de los Inmigrantes (MUNTREF); Botica del Ángel; Museo de Arte Contemporáneo de Buenos Aires (MACBA); Museo Evita; Museo Histórico y Numismático Dr. José Evaristo Uriburu (Banco Central); Museo del Cine; Programa Pequeñas Colecciones (colección itinerante)” (las negritas son nuestras). En las oraciones precedentes pudimos notar que la acción de los voluntarios se realiza en museos y centros de exposición de arte privados, universitarios y sobre todo en estatales que dependen de Nación y de la ciudad de Buenos Aires. Estos voluntarios trabajan “junto al equipo educativo” de cada museo. Es decir -y tomando como ejemplo de referencia el de los museos nacionales que conocemos en profundidad-, el voluntario opera en conexión con el trabajador precarizado -el trabajador del “equipo educativo” del museo-.

Machacamos: en otro contexto, quizá de “pleno empleo”, la función social del voluntariado podría llegar a verse como positivamente “solidaria”; pero en este contexto de condiciones laborales precarias, donde acecha el fantasma de la desocupación y la inflación carcome los magros ingresos de todos los trabajadores (precarizados o no), el voluntariado se comporta como aliado del deterioro laboral.

El voluntariado promovido por distintas fundaciones opera no sólo con el visto bueno sino con la decidida acción del Estado. Ya hemos visto la alianza entre una Fundación y el Estado nacional en 2015, a propósito de la iniciativa “CreandoRED”. Hemos visto en la nota de Clarín y en la detallada descripción de las tareas del “mediador cultural” que promueve la FNV que los “voluntarios mayores” son capacitados “para trabajar en el diseño de nuevos talleres educativos para niños, jóvenes y adultos”. Y dentro de poco tiempo estos voluntarios adultos mayores articularán acciones con trabajadores de museos nacionales, lo que puede leerse como una iniciativa en el marco del “Plan de Fortalecimiento de Museos” de la Dirección Nacional de Museos de la Secretaría de Patrimonio Cultural del Ministerio de Cultura de la Nación para “concretar nuevas formas de acceso y participación” (recordemos aquí, de paso, que con el programa CreandoRED la Fundación y el Estado buscaban promover el “acceso” y la “participación” de una determinada población). Así, en octubre, durante el “mes de los mayores” (en conmemoración del “Día Internacional de las Personas de Edad” establecido por la ONU para celebrarse el 1 de octubre de cada año), en diferentes museos nacionales se desarrollarán “acciones colaborativas” motorizadas por la FNV como parte de una “campaña de promoción de las personas mayores”.

En síntesis, detrás de ”idealistas como tú, gente que quiere hacer cosas, con oportunidades para colaborar y pasar a la acción” (como se lee en idealistas.org, una organización “sin fines de lucro” que pretende conectar “personas, organizaciones, ideas y recursos” del tercer sector), hay acciones promovidas desde estructuras organizativas que dicen promover el “arte” y la “inclusión social” y que operan sobre una realidad que tiene firmes bases de precarización laboral: dichas acciones participan del movimiento generador de mayor exclusión social. Esas estructuras se llaman Fundación y Estado.

Profesionalización del voluntariado y devaluación del trabajo remunerado

Diluida la fundamentación político-ideológica de la acción voluntaria participativa (en la mencionada FNV, la pretendida “mediación cultural de voluntarios mayores para sus pares” que termina extendiéndose a otros tramos etarios), existe el riesgo asociado de profesionalizarla funcionalmente. Así, esta suerte de “profesionalización funcional del voluntariado” (porque los voluntarios realizan tareas propias de profesionales), se revela como estrategia de selección y de formación de voluntarios, lo que convierte a las organizaciones voluntarias en gestoras de “recursos humanos”.

Precisamente, por ejemplo, en 2013 el Museo de la Memoria de Rosario convocó a personas interesadas “en formar parte de un equipo interdisciplinario de voluntarios (no remunerado), que será capacitado en la temática propia del Museo y luego se insertará en las diferentes áreas que conforman la institución”. Entre los requisitos “para hacer efectiva la inscripción” resultó llamativo el pedido de que “los postulantes deberán presentar currículum vitae con antecedentes laborales y de formación”.

También hemos encontrado ejemplos de utilización de voluntarios para cubrir la falta permanente de personal en algunos museos (como en el Museo Egidio Feruglio de Trelew y el Museo de la Deuda Externa de Buenos Aires) o para determinados eventos, como “La Noche de los Museos” que acontece una vez al año en Buenos Aires y La Plata, entre otras ciudades. Como en la búsqueda de mano de obra gratuita del referido Museo de la Memoria de Rosario, en general se piden personas capacitadas o con una formación relacionada al lugar donde se va a realizar el voluntariado.

Las organizaciones voluntarias se comportan así como agencias de tercerización laboral, donde lanzan búsquedas “a la carta”. No es extraño sino habitual que estas organizaciones busquen personas con definidos perfiles profesionales, muchas veces ligados a acreditaciones obtenidas en la educación formal. Esta selección “técnica”, propia de agentes de departamentos de recursos humanos del ámbito laboral estatal y privado, invierte la valoración de las “cualidades” del voluntario, pues la relevancia de primer orden no está puesta en la valoración de las ganas de “ayudar” del candidato a voluntario sino en la evaluación de su pericia técnica y hasta de su currículum académico, dejando a un lado la dimensión “participativa” y la identificación del postulante con el proyecto de la organización voluntaria.

Machacamos una vez más a sabiendas: desde el punto de vista del voluntario y de la organización de voluntariado, los requisitos pedidos en los casos que hemos mencionado garantizarían la adecuación de la persona al “puesto”, permitiendo la evaluación y orientación de la “vocación” voluntaria. Pero, al mismo tiempo, se buscan voluntarios para realizar tareas menos “vocacionales” y más “profesionales”. En conclusión: en ocasiones -como puede inferirse de la búsqueda del Museo de la Memoria, donde se evaluaron los “antecedentes laborales y de formación”-, se pretende dar con mano de obra gratuita en el marco de un proceso de profesionalización encubierta.

Las pasantías de formación y/o laborales son otra herramienta al servicio de la precarización estructural del trabajo. Muchas pasantías en museos se instrumentan como becas y/o pasantías laborales “temporarias”. Varios de quienes trabajamos en museos hemos iniciado nuestra profesión como voluntarios o pasantes ad honoren para luego obtener una “pasantía rentada” en la perspectiva de alcanzar -aún más adelante- un cargo (rentado). Sin embargo las pasantías, que debieran ser temporales, al renovarse una y otra vez se transforman en “eternas”. Así, es habitual que haya pasantes que están en esa situación desde hace más de diez años. Y también es “normal” que trabajadoras y trabajadores (precarizados o estables) acepten una pasantía para complementar su ya de por sí miserable remuneración/ingreso mensual. Veamos la función precarizadora de las pasantías en el caso de los museos que dependen de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP).

Las pasantías en los museos de la UNLP son una herramienta para solucionar la falta de cargos (es decir, de empleos estables) que las políticas universitarias niegan sistemáticamente pese a los históricos y sucesivos reclamos de las trabajadoras y los trabajadores de museos universitarios. De esta manera, la Red de Museos de la UNLP utiliza el sistema de pasantías temporales para que los profesionales obtengan una remuneración por el trabajo realizado. Junto con las pasantías, el voluntariado sigue en pie en muchos museos universitarios, incluidos los de la UNLP. Raramente el voluntariado es reconocido por el museo universitario que lo implementa, más bien suele ser informal: lo desempeña aquel estudiante o profesional que, en pos de situarse en un espacio de trabajo afín a su profesión, se ofrece como voluntario. En el caso de los museos de la UNLP, el voluntariado está reconocido y se otorgan certificados que acreditan la tarea realizada.

De esta manera, estamos en presencia de un proceso de normalización de la precariedad, donde se funden -y confunden- las categorías “empleo” y “formación” y las figuras del pasante, del voluntario y del trabajador temporal (“Necesitamos trabajadores voluntarios para trabajar en La Noche de los Museos” pedían públicamente en 2011 desde http://acciontrabajo.com.ar/votbbEOU.html). Es verdad que cuanto más fuerte es la economía de bienestar de un Estado, más fácil será para un trabajador encontrar un puesto de trabajo remunerado y, en consecuencia, menos atractivo le resultará obtener un trabajo voluntario, especialmente si en el voluntariado se busca una vía de capacitación y acumulación de experiencia; pero no menos cierto es que, en condiciones de estancamiento económico, el voluntariado provee mano de obra gratuita y constituye un mecanismo para debilitar la lucha encauzada a mejorar las condiciones del trabajador ocupado o para atemorizarlo con la amenaza del despido.

En Europa también se consigue

Al ser la cultura en general y el arte en particular generadores de mercancías cuyo consumo no son de primera necesidad, la desocupación y la precarización laboral acechan furiosamente sobre los trabajadores de museos. Hemos referido la situación en Argentina, donde a comienzos de 2016 sobre el contexto de precarización laboral extendido se produjeron despidos en el Estado (“desvinculaciones” y “no renovación de contratos” en el eufemístico lenguaje del gobierno nacional de Cambiemos). Pero lo mismo sucede -y hasta con mayor crudeza- en el resto del mundo. Como ejemplo señalaremos lo que ocurre en España.

La tercerización es allí un hecho consumado: casi todas las áreas de los museos están precarizadas. Desde los guías (muchos de ellos altamente capacitados, no sólo con títulos universitarios de carrera de grado sino con masters realizados -o doctorando- y que dominan dos o tres idiomas a la perfección) hasta el personal de limpieza y de seguridad. El modus operandi es similar en todo el Reino de España: un museo contrata a una empresa especializada en emplear personal eventual; el contrato entre el museo y la empresa tiene una duración determinada; esta empresa contrata trabajadores para desempeñar tareas en el museo; finalizado el contrato, el trabajador puede volver a ser contratado o no, dependiendo de la decisión de la empresa que lo contrató (si es que sigue operando como empleadora del personal que trabaja en el museo) o del resultado de la licitación convocada por el museo (puede ocurrir que gane el concurso otra empresa especializada en tercerización laboral).

En Barcelona, la empresa tercerizada se llama Serveis Educatius Ciut’art, que en su página web se presenta como “una empresa especializada en la atención calificada de visitantes de museos, centros culturales y salas de exposición”. En Madrid (y también en Cataluña) MagmaCultura contrata trabajadores en condiciones de precariedad laboral, una empresa que “reúne un equipo de profesionales con amplia experiencia para ofrecer las mejores soluciones en gestión cultural”. Quien cuasi monopoliza la contratación de personal precarizado en museos de Bilbao es Manpower, que en su sitio español de Internet se presenta así: “Presente en España desde 1988, ManpowerGroup, empresa multinacional líder mundial en estrategia de talento, ofrece soluciones innovadoras para la gestión de los recursos humanos en las organizaciones: atracción, selección y evaluación de todo tipo de perfiles; trabajo temporal”, y un logo destaca en color: “Flexibility”. En sintonía, la filial argentina en su página web se jacta de lograr “encontrar tu primer trabajo permitiéndote ingresar al mercado laboral. La mitad de nuestra actual nómina tiene 25 años y siempre trabajaron a través de Manpower”. En efecto, la mayoría de los trabajadores de museos de España son jóvenes… ¡y si la clase obrera con su lucha no revierte la presente realidad de precarización laboral es probable que “siempre” trabajen contratados por alguna agencia como Manpower!

Como señalaron repetidamente este año los trabajadores de museos de España, la situación de precariedad devino de externalizar los servicios públicos (atención al público, servicios educativos -las visitas guiadas entre éstos-, etc.), decisión tomada por las instituciones y administraciones públicas que contratan a las empresas de “personal eventual” eligiendo por concurso a quienes hacen la oferta más económica, es decir, a quien peor paga a los trabajadores.

La naturalización de este tipo de contratos laborales basura llevó a las autoridades del Museo Guggenheim de Bilbao a expresar sin sonrojarse que el trabajo que desempeñan sus educadoras es “desarrollado por personas con dedicaciones parciales y residuales”. Esa es la respuesta al pedido de “subrogación” (es decir, de que se renueve el contrato de trabajo precarizado de las actuales educadoras) en el próximo convenio con la empresa adjudicataria del cercano concurso. Ante el pedido de renovación de contratos de las 18 trabajadoras (que vencen el 30 de septiembre de este año al finalizar el convenio con ManpowerGroup Solutions), las autoridades del Museo Guggenheim expresaron que “contratará a tres educadores a tiempo completo para sus servicios de información en salas, talleres artísticos para adultos y niños, y visitas guiadas de grupos [porque] la hipotética incorporación de la variable de la subrogación en el nuevo contrato de prestación de servicios no responde a los criterios de organización del museo ni se considera procedente”. Es de destacar que el Museo Guggenheim es patrocinado por el Banco BBK que “ha hecho posible tanto el desarrollo de proyectos generales del museo como el diseño de programas educativos” por medio de su… ¡Fundación BBK!

En Barcelona, donde trabajadores de once museos tienen contrato con Ciut’art (empresa contratada por los museos), el Ayuntamiento, que es titular o co-titular de esos museos, se lava las manos mientras vocifera que “el conflicto es entre Ciut’art y sus trabajadores” porque la Municipalidad “no tiene relación contractual con los trabajadores”. ¿Déjà vu cuando los ministerios de Planificación y de Cultura de la Nación durante los gobiernos kirchneristas externalizaron en las universidades la contratación de trabajadores?

Pero las similitudes existentes en museos de Argentina y España en cuanto a modalidades de precarización laboral no culminan aquí. El programa “Mediación Cultural x Mayores” pregonado por la FNV y ejecutado por voluntarios se inspira en la experiencia de mediación cultural desarrollada por el departamento de educación del Museo Reina Sofía (museo que “propone y diseña las acciones educativas” gracias a que la Fundación Banco Santander “las posibilita y sostiene”). ¿Quiénes conforman el equipo de mediadores culturales del museo español? Trabajadores externalizados (becarios/precarizados). Al igual que estos trabajadores precarizados, los “voluntarios mayores” realizan allí “visitas comentadas” no para público general sino para segmentos específicos: para “grupos mayores de 65” y para “grupos escolares” (de educación primaria, secundaria y “bachillerato”). Ambos grupos de trabajadores (precarizados y voluntarios) están (in)visiblemente conectados porque sus actividades dependen de la supervisión del departamento de educación del Museo Reina Sofía. Complementariamente, y como si fuera un ejercicio de cinismo “cultural” burgués, este museo del Reino de España tiene una sección en su página web llamada “Empleo y formación” que publica los resultados de convocatorias para cubrir “plazas” donde brillan por su ausencia las ofertas de empleos estables: los puestos ofrecidos se etiquetan “plaza de personal laboral temporal” y “beca para la formación”. Voluntarios, becarios, trabajadores eventuales: la cadena de precarización pareciera no tener fin…

Terminar con la precarización laboral, la explotación enmascarada y la sobreexplotación

Recientemente, las pancartas de los trabajadores del Museo Guggenheim de Bilbao sintetizaron gráficamente la cadena de precarización laboral en la que están insertos: “Guggenheim Bilbao: Welcome to the fast food of art. Ya no tiene becarios, ahora esconde trabajadores precarios. Museo de la excelencia subcontrata low-cost” se lee junto a la imagen del zapato y las medias que caracterizan a Ronald (el personaje de fantasía de la marca McDonald’s) en actitud de patear a los descartables laburantes.

En Argentina, la mediación cultural promovida por la FNV y ejercida por voluntarios adultos mayores que trabajan en contacto con trabajadores precarizados monotributistas o asalariados contratados a término que al mismo tiempo son profesionales (o lo serán pronto) conforman eslabones de una misma cadena de precarización.

Por medio de la lógica del voluntariado, “la explotación está enmascarada” (Pierre Bourdieu, Razones Prácticas. Sobre la Teoría de la Acción). Constituye el voluntariado un núcleo de precarización laboral. Lo vimos en los casos analizados de los mediadores culturales del Museo Reina Sofía (España) y de la búsqueda de voluntarios para integrar el equipo interdisciplinario del Museo de la Memoria (Argentina): instancias de “participación ciudadana” que eufemizan relaciones de explotación puesto que devienen en tareas permanentes (y por lo mismo es trabajo ad honorem). Aún más: la proliferación de voluntarios que portan capital cultural adquirido en el sistema educativo constituye una palanca de presión (al igual que los trabajadores del ejército industrial de reserva) que debilita a la clase trabajadora en su encarnizada lucha contra la burguesía (estatal o privada).

La profesionalización funcional del voluntariado supone un serio riesgo de normalización. Los trabajadores debemos estar atentos y combatir su naturalización para evitar la situación actual donde está normativizado el trabajo precario “eventual” o “a término” convertido en “permanente” al perpetuarse la renovación periódica de los contratos laborales: los empleados de la administración pública nacional cuyos contratos de “locación de obra y servicio” y de “planta transitoria” vencen semestral o anualmente así lo atestiguan. De ahí que la caracterización del voluntariado como núcleo de precarización laboral pretende alertar sobre la posibilidad de normativizar la sustitución de trabajo asalariado por trabajo voluntario.

ATACA – Asamblea de Trabajadores Autoconvocados de Cultura de la Argentina

Links de interés:

http://www.desarrollosocial.gba.gov.ar/recursosWEB/recursos2/leynacionaldevoluntariadosocial.pdf

https://laculturanoseachica.wordpress.com/2016/08/29/los-juegos-del-hambre/

http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-303520-2016-07-06.html

https://notas.org.ar/2016/07/21/gobierno-4-millones-mcdonalds-promesa-300-empleos-precarios/

http://www.typa.org.ar/es/index.php

http://www.clarin.com/cultura/Mayores-trabajaran-voluntarios-museos_0_1620438125.html

http://fnv.org.ar/creandored/

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