Página/12 y el lenguaje de las luchas obreras

Buenos Aires, 30 de marzo de 2017

El sábado 18 de marzo en la edición impresa de Página/12 fue publicada “Del cierre de salas al maltrato laboral”, nota donde se menciona la situación edilicia y laboral que acontece actualmente en los museos Sívori y Palais de Glace. Ese mismo día la nota apareció reproducida en la web del diario. En la nota, que se basaba en dos comunicados -uno publicado por ATACA, el otro por la Asamblea de Trabajadores del Palais de Glace-, se utilizaron expresiones aparentemente textuales (porque en la reseña periodística estaban entrecomilladas) que estarían en la crónica sobre la situación de los trabajadores del Sívori y en la declaración de la Asamblea del Palais. El diario afirmaba que los trabajadores estaban en situación de “alerta” y denunciaban “persecución laboral”: ninguna de las expresiones entrecomilladas figura en ninguno de los dos comunicados.

Ante esta situación, el 20 de marzo ATACA resolvió comunicarse con la periodista que firmó la nota para pedirle ejercer el derecho de réplica en la edición impresa del diario. Muy amablemente, la periodista se comprometió a gestionar el pedido ante el editor responsable de la sección del diario donde se publicó la nota.

El jueves 23 de marzo las expresiones erróneamente adjudicadas desaparecieron de la versión alojada en la web del diario (y una de esas palabras, “persecución”, fue cambiada por la que realmente figura en uno de los comunicados: “precarización”). Pero el mismo día la periodista nos comunicó que el editor nos negaba el derecho de réplica porque -según él- no hubo ninguna injuria, las palabras ya se habían cambiado en la página de Internet y las notas de la web del diario son leídas por más del 90% del total de sus lectores. No nos quedamos contentos con la respuesta porque la nota había aparecido en papel -y la versión impresa es inmodificable-, además de que la mayoría de quienes ya habían leído la nota en su versión digital no volvería a leer una noticia envejecida, y a la periodista le dijimos que insistíamos en nuestro pedido de ejercer el derecho de réplica con una breve nota a publicarse en alguna edición no electrónica del diario. El tiempo pasó y no obtuvimos ninguna respuesta. En consecuencia, ejerceremos aquí nuestro derecho de réplica con esta respuesta pública por medio de una crítica cultural que también es política.

En nuestro análisis trataremos de referirnos a “el diario” o a “Página/12” y no a la periodista o el editor. Esto será así porque quizá la autora de las inexactitudes no haya sido la periodista sino la persona que editó su nota; y como la nota fue publicada en Página/12 nos referiremos al diario como “sujeto” de nuestra interpelación.

Afirmar inexactitudes violenta uno de los pilares éticos del oficio periodístico, que es comunicar lo que realmente expresan las fuentes de información. En este caso, las fuentes de información eran escritas -dos comunicados públicos-, por lo que no había margen para ninguna interpretación. Así, pues, diremos lo que en realidad ocurrió sin ningún eufemismo: el diario inventó palabras que no están en las fuentes de información.

Apenas iniciada la nota, se leen expresiones equívocas: se dice que ATACA publicó un comunicado sobre la situación del Sívori y otro sobre el Palais de Glace. Para evitar malentendidos, aclaramos que fue la Asamblea de Trabajadores del Palais de Glace quien elaboró una declaración y la publicó en su blog (https://trabajadorespalais.wordpress.com/2017/03/14/27-declaracion-de-la-asamblea-de-trabajadores-del-palais-de-glace-ante-el-maltratoprecarizacion-laboral-y-ahondamiento-de-la-carestia-de-vida/); ATACA, por su parte, redactó una crónica sobre la situación del Museo Sívori y la publicó en su blog: https://laculturanoseachica.wordpress.com/2017/03/15/museo-eduardo-sivori-cerrado-al-publico-incertidumbre-entre-los-trabajadores/.

Para confrontar nuestros dichos con los de Página/12, anexamos como imagen a este comunicado la copia de la noticia publicada en papel el 18 de marzo de 2017.

El diario afirmaba que los trabajadores estaban en situación de ‘alerta’ y denunciaban ‘persecución laboral’: ninguna de las expresiones entrecomilladas figura en ninguno de los dos comunicados”

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La palabra escrita (y en este caso impresa) se da en un plano libre de contextos, autónomo, pues su discurso no puede ponerse en duda ni cuestionarse directamente como sí sucede en el lenguaje oral: de ahí la existencia dilatada y a contratiempo de los “derecho a réplica” que pocas veces tienen el efecto necesario, menos aún cuando se trata de un diario, un soporte de comunicación que vive del día a día, donde lo sucedido la semana pasada quizá hoy haya perdido relevancia: toda “noticia de ayer” impresa es usada para envolver pescados, huevos y otras mercancías. Así, un “derecho a réplica” es un “derecho legado” de un modo casi burlesco. ATACA pretende correrse de la instantaneidad periodística donde la palabra pasa volando como un escupitajo ágil y despreocupado. En cambio, nos interesa, reclama, urge y (pre)ocupa el uso de las palabras. Elegimos ciertas palabras y luchamos con ellas porque estamos inmersos en un mundo cuyo sentido se construye -entre otras cosas- con vocablos: unas venidas de alguna lengua extraña, otras sugeridas por grupos sociales dominantes e incorporadas a la lengua popular de los dominados, muchas atadas a imágenes, varias ancladas en precisos momentos históricos, pocas que nos llevan al futuro con dulzura. Es por ello que, o hacemos uso de ellas sin importar sus procedencias y derroteros, o las analizamos en detalle para escudriñar sentidos y utilizarlas como un arma crítica.

ATACA pretende correrse de la instantaneidad periodística donde la palabra pasa volando como un escupitajo ágil y despreocupado. En cambio, nos interesa, reclama, urge y (pre)ocupa el uso de las palabras”

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En el libro La época de los aparatos, Jean-Louis Déotte ensaya una historización de la configuración de la cultura capitalista. Para tan magna pretensión histórica, elabora el concepto de “época”. ¿Qué es una época? La manera de registrar y de archivar el acontecimiento, escribe Déotte. Así, el punto de partida de la modernidad -europea porque en ese espacio geográfico emergió el capitalismo- es la invención de la “perspectiva” en la Italia renacentista del siglo XV, a la que le siguieron -continúa Déotte- la camera obscura en el siglo XVII, el aparato cultural formado en torno a lo museístico a fines del siglo XVIII, el fotográfico en el transcurso del siglo XIX y el cinematográfico y el psicoanalítico en el siglo XX.

No es casual que hayamos elegido el libro de este filósofo e historiador del arte conocido por articular lo museístico con la memoria, el arte con la política: la mayoría de los activistas de ATACA trabaja en museos y es desde nuestra práctica laboral que articulamos arte y política. El arte y la política nos interpelan como sujetos culturales. No en vano la modernidad burguesa se funda y se funde en la igualdad artística y política: la invención cultural del museo fue contemporánea a la revolución francesa de 1789, es decir, obreros y capitalistas fungían como ciudadanos políticos y estéticos al mismo tiempo.

Las naciones europeas han sido instituidas no sólo por el dispositivo del Estado y de la lengua, sino además por otros aparatos como el museo y la invención de los archivos y del patrimonio en los siglos XVIII y XIX”, escribe Déotte. La temporalidad del museo posibilita la escritura de la historia, en particular la del arte: el patrimonio constituye el archivo del historiador. El archivo hace “aparecer”. Pero en algún momento del siglo XX las cosas se reconfiguran, por eso Déotte introduce las apariencias de la época actual, que es la de la desaparición. Para conceptualizar la “época de la desaparición”, Déotte acude a Hannah Arendt, quien sugirió como novedad política de los años 1930-1950 la desaparición en masa. La correspondencia estética de la desaparición política es la poética “desaparicionista”, dice el autor francés.

Es casual que el 23 de marzo de 2017 -un día antes de la conmemoración del último golpe militar de Estado que pasó a la historia mundial por haber desaparecido a miles de personas- Página/12 nos haya hecho saber que con la desaparición de ciertas palabras en la versión electrónica de la nota daba por subsanado el asunto. Y aunque la fecha sea casual, coincide -no casualmente- con la época y el espacio digital que transitamos como ciudadanos políticos y estéticos. En efecto, con el advenimiento de lo “digital” -nos recuerda Déotte- desaparece la superficie de inscripción de signos, de ahí que “lo desaparecido no tiene archivo”. Déotte pone como ejemplo a la fotografía analógica: aquí la imagen latente se revelaba haciendo al mismo tiempo “archivo” -copia en papel, documento-, mientras que la fotografía digital no se revela. En la era digital, desaparecidas de la nota original las expresiones antes apuntadas -“alerta”, “persecución”-, Página/12 cree haber solucionado sus “errores” periodísticos. Aunque desaparecidas de la vista digital, ¿ignora Página/12 que la memoria permanece en forma de documento, el diario impreso en papel, por caso? Se sabe que un documento es el testimonio material de un hecho. Ese documento, junto con otros, forman un archivo. El archivo conforma un patrimonio. ¡Todo esto lo sabemos muy bien los trabajadores de museos, bibliotecas y archivos que conformamos ATACA!

En un posible archivo del futuro, esas palabras -“alerta”, “persecución”- quedarán en el diario impreso como realmente dichas por ATACA…

(No lo dice Déotte, pero hasta en la “cultura digital” existe la memoria, aunque permanezca oculta: tal es el significado de la palabra francesa “caché”; si se quisiera se podría descubrir esa memoria informática caché porque también la superficie digital -Internet en este caso- está saturada de paisajes palimpsésticos.)

En el plano artístico-cultural del mundo museístico, el patrimonio constituye la memoria colectiva -de un pueblo, de un Estado, de una clase dominante, etc.-. En el plano político, “el desaparecido no es un ausente, pues no está vivo ni muerto, sino un fantasma”, continúa el filósofo. En estos días de “siluetazos”, “marcha de antorchas” y otros rituales fantasmáticos civilreligiosos que honran a las víctimas pero sobre todo recrean un sinfín de ejercicios de la “memoria” alrededor del 41er aniversario del último golpe militar de Estado, es inevitable asociar la densidad cultural que expresan las palabras escritas por el pensador francés con la densidad política expresada oralmente por el genocida Videla en 1979: “el desaparecido no tiene entidad, no está, ni muerto ni vivo”. (Videla combinó el vocabulario con inteligencia: “entidad” viene del latín entitas, cualidad de ser, que es, que existe.)

En la época digital del temprano siglo XXI, Página/12 cree archivar el acontecimiento con la desaparición de ciertas palabras cuya inserción en la nota -veremos después- no son para nada casuales ni inocentes. Parafraseando cierto canto popular entonado con frecuencia cada 24 de marzo en Plaza de Mayo, diremos que “no hubo errores, no hubo excesos” de parte de Página/12 sino una -quizás inconsciente por normalizada- intención política en el marco de una poética “desaparicionista”.

En efecto, con el advenimiento de lo ‘digital’ -nos recuerda Déotte- desaparece la superficie de inscripción de signos, de ahí que ‘lo desaparecido no tiene archivo’. (…) En la era digital, desaparecidas de la nota original las expresiones antes apuntadas –‘alerta’, ‘persecución’-, Página/12 cree haber solucionado sus ‘errores’ periodísticos”

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La nota (la que quedó en la versión impresa, no en el palimpsesto digital) dice que los trabajadores denunciaron “persecución laboral”. Ni en el comunicado de ATACA ni en la declaración de la Asamblea de Trabajadores del Palais de Glace fue mencionada ninguna “persecución laboral”. Ensayaremos una explicación de porqué Página/12 dijo esto.

Nos detenemos en la palabra escrita -y más aún en aquella inmodificable como es la del diario impreso en papel- por varias razones. Muchos pensadores han atestiguado sobre el rol de la escritura en distintas civilizaciones, pero seguiremos aquí las ideas de Claude Lévi-Strauss expuestas en su libro Tristes trópicos. Fue este antropólogo francés quien descubrió que la escritura (mucho después de los otros grandes inventos de la humanidad neolítica) acompañó el grave proceso de formación de las ciudades y de los imperios, es decir, “la integración de un número considerable de individuos en un sistema político, y su jerarquización en castas y en clases”. Por eso para Lévi-Strauss la escritura “parece favorecer la explotación de los hombres antes que su iluminación” (mientras que sus usos intelectuales y estéticos son de aparición secundaria).

Bajo esta luz, sabemos que el periodismo, como género literario, poco tiene que ver con la producción estética, aunque mucho tiene que ver con la dominación y la formación de realidades supuestas. En este sentido, en Variaciones sobre la escritura Roland Barthes plantea que la escritura “separó a los iniciados de aquellos que no lo eran (…) representó la propiedad (…) y la distinción”. Lévi-Strauss, en su citado libro, refuerza la afirmación de Barthes: “Si la escritura no bastó para consolidar los conocimientos, era quizás indispensable para fortalecer las dominaciones”. Pero, ¿de qué dominaciones estamos hablando desde ATACA? Claramente no referimos a las dominaciones establecidas por las castas gobernantes en las ciudades-Estado de la mesopotamia asiática donde el uso de la escritura configuró un modo de distinción. Sí hablamos de la palabra que consolida modos de dominación del “movimiento obrero”. Para conseguir perpetuar la “unidad y organización” del movimiento (o mejor dicho, de los movimientos) es necesario homogeneizar las palabras con las que se los describe y hasta los lenguajes que habla este movimiento cuyo sujeto (el obrero) está sujetado socialmente -tanto en términos económicos como políticos- con la intención de interpelarlos para los fines dominantes -de la burguesía y su Estado, en este caso-. De allí se desprende que el diario Página/12 emplee palabras conocidas, rápidamente utilizables, añejamente construidas durante el último gran proceso de dominación semántica sufrido por la clase obrera, es decir, durante el peronismo (circa 1945-1952).

Es sabido que el diario es vocero periodístico del antimacrismo en general y del peronismo -sobre todo kirchnerista- en particular. Así, a principios del año pasado, cuando se produjeron los despidos masivos en el Estado nacional, en sus crónicas/entrevistas/notas/editoriales solía deslizarse que los despidos estaban enmarcados en una “persecución laboral”, persecución que en ocasiones solían adjetivar como “ideológica”. ATACA se encargó de explicar en varios comunicados (cualquiera los puede leer en nuestro blog) que esos despidos fueron consecuencia de una política gubernamental deliberada que arrasó con una ingente cantidad de trabajadores y que en verdad no hubo -salvo unas decenas de casos- “persecución laboral” sino despidos sin ninguna persecución previa. Es sabido que el 29 de enero de 2016, imprevistamente, se produjeron centenares de despidos en el Ministerio de Cultura de la Nación -antes había ocurrido lo mismo en el Centro Cultural Kirchner y en otras dependencias estatales-, lo que invalida el argumento de “persecución laboral” (remarcamos: no negamos que haya habido algunos casos de persecución, pero no fue la norma).

El mismo lenguaje (“el gobierno persigue laboralmente”, “es una persecución abierta”) fue utilizado durante todo 2016 por ATE Capital, sindicato cuya Comisión Directiva el 14 de septiembre del año pasado recibió en su sede gremial a la expresidente Cristina Fernández. En esa ocasión el secretario general de ATE Capital, en una “Carta a los compañeros y compañeras de ATE sobre la visita de Cristina”, dijo: “Cristina Fernández de Kirchner representa la transformación política, el Estado al servicio del pueblo y el valor de la democracia frente a los poderes fácticos. […] La inclusión social que logramos como piso nos dejó un enorme saldo de conciencia y dignidad que no vamos a dejar que nos arrebaten”. Es oportuno volver a remarcar que para los trabajadores de ATACA el “piso” de esa “inclusión social” fue la precarización laboral que el Estado nacional empleador expandió exponencialmente durante el kirchnerismo, unos contratos basura llamados “locación de obra y de servicios” que facilitaron al gobierno macrista despedir masivamente a miles de trabajadores estatales, por ejemplo; para ATE Capital la consolidación de la precarización laboral durante el kirchnerismo es sinónimo de “dignidad”, para ATACA no.

La línea editorial de Página/12 es similar a la línea político-sindical de la burocracia sindical peronista de ATE Capital: “Macri nos condena en el infierno mientras en el paraíso kirchnerista estábamos estupendamente bien”, parecieran decirnos. Pero tanto en el kirchnerismo como en el macrismo los explotados la pasamos pésimo: inflación, tercerización y precarización laboral, desocupación y represión son situaciones corrientes desde hace más de doce años.

Pero, ¿de qué dominaciones estamos hablando desde ATACA? (…) hablamos de la palabra que consolida modos de dominación del ‘movimiento obrero’. Para conseguir perpetuar la ‘unidad y organización’ del movimiento (o mejor dicho, de los movimientos) es necesario homogeneizar las palabras con las que se los describe”

ATACA se encargó de explicar en varios comunicados (cualquiera los puede leer en nuestro blog) que esos despidos fueron consecuencia de una política gubernamental deliberada que arrasó con una ingente cantidad de trabajadores y que en verdad no hubo -salvo unas decenas de casos- ‘persecución laboral’ sino despidos sin ninguna persecución previa”

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Tanto en el comunicado de la Asamblea de Trabajadores del Palais de Glace como en el de ATACA no se menciona en ningún momento que los trabajadores estén en “situación de ‘alerta’”. El año pasado, con motivo de la edición de “La noche de los museos” que organiza el Estado de la ciudad de Buenos Aires, Página/12 publicó una entrevista con dos trabajadores que integran el colectivo ATACA, donde se indicó que los trabajadores “se declaran en estado de ‘alerta’” cuando los mencionados trabajadores de ATACA en ningún momento utilizaron la palabra “alerta” ni es una palabra que figure en los comunicados públicos de ATACA (cfr. https://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/17-40405-2016-10-29.html). Como se puede apreciar, no es una novedad que el diario Página/12 invente palabras que no fueron dichas…

Diremos que es habitual en el lenguaje de la burocracia sindical utilizar la expresión “alerta”. Así, al momento de escribir este comunicado, una simple búsqueda en Internet arrojó el siguiente resultado por orden de aparición: “La Asociación Bancaria declaró ‘el estado de alerta y movilización’” (infobae.com, 27/1/2017); “ATSA declaró el Estado de Alerta y Movilización” (elfueguino.com.ar, 17/3/2017); “SADOP declaró hoy el estado de ‘alerta y movilización’” (nacionalypopular.com, 2/2/2017); “Camioneros se declara en ‘estado de alerta y movilización’” (lanacion.com.ar, 14/12/2015); “Ganancias: la CTA se declaró en ‘estado de alerta y movilización’” (ambito.com, 10/12/2016). En esta búsqueda automática no encontramos una sola mención de “alerta y movilización” asignada a nada que no sean comunicados de sindicatos y a nadie que no sea un agente de los sindicatos. No es raro: así se expresa el sindicalismo “dialoguista” (“El diálogo es lo que nosotros buscamos y que el presidente nos diga en una mesa, conjuntamente con los empresarios, qué camino va a ser” dice Télam -3/2/2017- que dijo el secretario general de la UTA Roberto Fernández), de “negociación” (“Estamos negociando todos los despidos” de trabajadores estatales, decía el secretario general de ATE Capital Daniel Catalano en Página/12 el 25/1/2016), generalmente altamente burocratizado, que sojuzga a los trabajadores en Argentina desde 1945: ¿quién no leyó/escuchó alguna vez a algún burócrata sindical en 1947, 1958, 1966, 1973, 1988, 1997, 2002 o 2011 expresar “los trabajadores estamos en alerta: si no se da una pronta solución a nuestros reclamos nos veremos obligados a implementar una medida de fuerza”? Que Página/12 utilice ese tipo de lenguaje, ¿se deberá quizás a que Víctor Santa María -capitalista dueño del diario y presidente del Partido Justicialista de la ciudad de Buenos Aires- maneja a la perfección ese tipo de expresiones porque desde hace 20 años es secretario general del SUTERH -sindicato que se arroga la representación de todos los trabajadores de edificios-, además de secretario de estadísticas de la CGT? Como sea, ATACA no usa ese lenguaje: el lector puede comprobarlo con sus propios ojos si lee el comunicado sobre el Museo Sívori (y la Asamblea de Trabajadores del Palais de Glace tampoco usa esas grafías, como se puede apreciar no sólo en la declaración del 13 de marzo de 2017 sino en anteriores, todas alojadas en su blog).

Desde todo punto de vista, respecto de la burocracia sindical, ATACA está situada a 180°. Por ejemplo: mientras la burocracia sindical es verticalista, ATACA es horizontalista, toma sus decisiones en Asamblea.

El esquema verticalista de todos los sindicatos legales de Argentina y de la mayoría de ellos en el resto del mundo es el de la democracia capitalista: se basa en la “representación” de sus afiliados (que es la de los “ciudadanos” en el juego electoral macro-político). ATACA no aboga por la representación sino por la “presentación”, es decir, la participación activa de todos los trabajadores, sin mediaciones. Por eso reivindicamos el siguiente oxímoron: los miembros de ATACA se representan a ellos mismos. Y si por algún motivo un miembro de ATACA debe llevar la voz colectiva del espacio, no llevará ningún mandato “liberado” sino un mandato “imperativo”, es decir, emitirá la voz colectiva sin ninguna distorsión, sin ningún margen de maniobra individual, algo que no entra en la cabeza de ningún sindicalista que acaudilla alguno de los sindicatos estructuralmente burocratizados acostumbrados como están a hacer “congresos de delegados”… ¡sin mandato!

Los sindicatos reproducen la lógica de dominación del capitalismo que tan bien explicitaron y explicaron Karl Marx, Max Weber y Mijail Bakunin, entre otros: es la misma especialización derivada de la división social del trabajo la que genera un ejército de burócratas que monopolizan funciones. ¿Acaso los sindicatos no son como Estados en miniatura, artefactos kafkianos especializados en frustrar la vitalidad de los ciudadanos/trabajadores? Los sindicatos, sobre todo después de la primera carnicería europea (1914-1918), se convirtieron en grandes corporaciones de miles de miembros que se extendieron en cada país con secciones en cada pueblo y en cada lugar de trabajo. Como el Estado, el Sindicato nombra funcionarios: secretarios y tesoreros conducen los asuntos de sus afiliados a nivel local y central. Ellos son los “jefes” de la clase obrera, quienes negocian con los capitalistas. Transcurrido algún tiempo, el Estado les concedió el monopolio legal de la “negociación colectiva” en nombre de sus “representados”. Y por ejercer esa especialización funcional han adquirido una destreza especial que les hace creer que son los únicos que podrían hacer la tarea, considerándose a sí mismos como un grupo específico -entre ellos se llaman “dirigentes del movimiento obrero”, por ejemplo-.

El comportamiento de la burocracia sindical es un reflejo de lo que ocurre (y ocurrió) en otros ámbitos de la vida social. Así, Robert Michels en su obra Los partidos políticos explicó la “ley de hierro de la oligarquía”: “En toda organización, ya sea un partido político, de gremio profesional u otra asociación de ese tipo, se manifiesta la tendencia aristocrática con toda claridad. (…) La organización es la que da origen al dominio de los elegidos sobre los electores, de los mandatarios sobre los mandantes, de los delegados sobre los delegadores. Quien dice organización, dice oligarquía”. Tomemos a otro teórico, el militante bolchevique Cristian Racovski, quien estando preso en una de las mazmorras de Stalin, explicó porqué surgió la burocracia soviética: la diferenciación al interior de la clase productora (los funcionarios que se arrogaban el ejercicio de la “dictadura del proletariado” en una formación económica asiática precapitalista compuesta por una amplia mayoría campesina) comenzó siendo “funcional” para convertirse en “social”; en 1928 Racovski no dudaba en situar a Stalin y a sus esbirros dentro de una capa privilegiada (cfr. Los peligros profesionales del poder).

Como la burocracia sindical siente un específico “espíritu de cuerpo”, no teme expresar sus intereses de capa privilegiada cada vez que se ve en apuros. Así, en mayo de 2016, el entonces titular de la CGT, Hugo Moyano, decía: “A nosotros [CGT] nadie nos dice lo que tenemos que hacer”, refiriéndose a otros sectores de la burocracia sindical (las dos CTA), periodistas y políticos que le pedían a la CGT un paro nacional como reacción al veto presidencial a la “ley de emergencia ocupacional”. Su hijo, Pablo Moyano, como un mantra repitió esas palabras el 8 de marzo de 2017, un día después de que él y otros burócratas sindicales escaparan de la multitud luego de un acto de la CGT en la ciudad de Buenos Aires: “Nadie aprieta a la CGT. La fecha [del paro] la va a poner la CGT”.

El secretario general de un sindicato central es un pez gordo, tan grande como el empleador capitalista (no es casual que al burócrata sindical argentino se lo llame “gordo” y que el burgués -no sólo en Argentina sino en todo el mundo- siempre aparezca mordazmente dibujado con traje, sombrero y bastón luciendo una panza enorme). El burócrata se sienta en una mesa y charla con el capitalista de igual a igual. Los funcionarios sindicales se convierten así en especialistas del trabajo sindical mientras los afiliados -alienados en sus lugares de trabajo- ni siquiera se enteran de las reuniones mantenidas entre el burócrata y el burgués. Los trabajadores no sólo no se enteran de lo que sus “representantes” hablan con los empresarios sino que engordan (física, simbólica y socialmente) al funcionariado sindical al pagar una cuota mensual al Sindicato; es decir, los trabajadores -muchas veces contra su voluntad- le pagan a los sindicalistas para que arreglen a sus espaldas con los capitalistas.

Nótese que hemos mencionado acciones que indican actos de habla que involucran la utilización, nada ingenua, del lenguaje: el término “pez gordo”, la charla del burócrata sobre una mesa, reuniones a espaldas de los afiliados, etc.

ATACA es una asociación de trabajadores horizontal, antiburocrática, sin dirigentes, sin representantes, sin liberados ni rentados: somos lo opuesto a un sindicato. Como no somos un sindicato, no apelamos a la estrategia de la “negociación”. Por eso no usamos la palabra “alerta” en ninguno de nuestros comunicados. Si ATACA decide actuar, no envía previamente “alertas”, simplemente ataca por medio de la acción directa, como hemos hecho en febrero, marzo y octubre de 2016, por ejemplo.

¿Acaso los sindicatos no son como Estados en miniatura, artefactos kafkianos especializados en frustrar la vitalidad de los ciudadanos/trabajadores?”

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ATACA critica y enfrenta a las patronales -sean estatales o no- que precarizan a los trabajadores en general y a los de museos en particular.

ATACA denuncia y combate a las patronales -sean estatales o no- que descuidan el patrimonio museístico.

Retomando el texto de Déotte con el que iniciamos la exposición, con esta declaración pública no sólo estamos registrando y archivando el acontecimiento: también estamos haciendo época.

¡Asambleas para decidir!

¡Acción directa para ganar!

¡Libertad de asociación para los trabajadores!

ATACA – Asamblea de Trabajadores Autoconvocados de Cultura de la Argentina

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Un comentario en “Página/12 y el lenguaje de las luchas obreras

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