Dime cómo gastas el dinero, y te diré qué política cultural tienes

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Bahía Blanca, 27 de noviembre de 2017

 

El pasado 31 de octubre en la ciudad de Bahía Blanca entró en vigencia el Decreto municipal 2607/2017 que, entre otras “medidas de contención del gasto”, dispone una reducción mensual de las horas extra del orden del 70% en todas las áreas dependientes del Departamento Ejecutivo Municipal; medida vigente, en principio, hasta el 30 de junio de 2018.i

La resolución, tendiente a lograr una “mayor eficiencia y eficacia en la Administración Municipal”, afectó al Área de Cultura, y como parte de ella a los museos, vulnerando el derecho a percibir una retribución por las horas trabajadas por fuera de las jornadas de labor regular, tal como se estipula en el artículo 31 del convenio colectivo firmado entre el Municipio y el Sindicato de Trabajadores Municipales.

Ante esa situación, los equipos de trabajo de tres museos (Museos de Arte MBA-MAC, Museo del Puerto y Ferrowhite museo taller) decidieron de manera conjunta no realizar las horas extra y por tal motivo desde el pasado 5 de noviembre los establecimientos están cerrados durante los fines de semana (sólo cumpliendo con los eventos ya programados).

El cierre tuvo una gran repercusión en las redes sociales y los medios de comunicación locales, dado que impacta en el paseo de fin de semana de la comunidad bahiense, pero fue el modo de volver visible todo un contexto de carencia que afecta no sólo a lxs trabajadorxs, sino especialmente a las instituciones en la que se desempeñan. Lo que debería sorprender no es por qué los museos ya no abren los fines de semana, sino por qué lo han hecho en las condiciones en que se venía haciendo hasta ahora.

Desde hace tiempo, los museos se han abierto a pesar de que hay filtraciones en los techos de sus salas de exhibición, de sus talleres y de sus depósitos de conservación; a pesar de que no hay partidas presupuestarias para restaurar piezas claves del patrimonio, como la lancha pesquera “Águila Blanca”, emblema de un museo comunitario que hace poco cumplió 30 años;ii pero tampoco para tareas mínimas de mantenimiento como pintar las paredes tras una exposición, cortar el césped del parque o montar una estantería de gran porte.

Se han abierto a pesar de que ya no existe la posibilidad de organizar eventos de envergadura porque no salen las contrataciones artísticas, porque no se pueden garantizar los mínimos honorarios para talleristas, o porque mucho antes de este último recorte de horas extras ya venía siendo impensable contar con más de una persona en la atención de un museo un fin de semana cualquiera.

Se han abierto a pesar de que ya no se pueden publicar catálogos ni libros, y se dificulta imprimir los textos de sala. Se han abierto a pesar de que faltan, incluso, los folletos que en otro tiempo se entregaban a los visitantes.

Si a pesar de todo ello los museos han continuado cosechando reconocimiento dentro y fuera de la ciudad, se debe a que sus trabajadores en sus diversas condiciones laborales (permanentes, temporarios, becarios y contratados) no sólo abren estos espacios los sábados y domingos sino que durante toda la semana dinamizan su actividad con propuestas educativas, talleres y trabajo comunitario.

Hoy, lamentablemente, la política cultural del gobierno de la ciudad parece estar más orientada a desfinanciar estas instituciones que a apuntalarlas. Porque en lugar de ampliar “la oferta cultural” de la ciudad, hay museos que se están cerrando (es el caso del Museo del Deporte); porque en vez de mejorar las condiciones edilicias de, por ejemplo, el Museo de Ciencias (que no tiene baños), se le propone mudarse a una dependencia del exzoológico que no está en condiciones de albergarlo; y porque en lugar de regularizar las condiciones de trabajo de sus empleadxs precarizadxs durante años, se nombra a tres asesores que cobran salarios mensuales que ascienden a $50.000.

Pero lo que es más grave aún es el hecho de que mientras por un lado se aplica una política de “contención del gasto” para remediar las consecuencias de supuestas “prácticas basadas en una dispendiosa y poco selectiva aplicación de recursos públicos”,iii y no se ejecutan las partidas presupuestarias previstas por Ordenanza para apoyar la realización de Festivales, Encuentros, Salones, Fiestas, Ferias y Ciclos artísticos que llevan más de tres ediciones,iv por otro lado se conoce una imputación de un gasto por $52.000 para costear el hospedaje de músicos de un megaevento privado como es la presentación de Ricardo Arjona (utilizando, además, el dinero del Fondo Municipal de las Artes, que es un fondo especial para apoyar proyectos locales).v

Es decir, lo que se pone de manifiesto no es sólo una política de ajuste, sino también que ese recorte es totalmente parcial y arbitrario. Es decir, hay dinero para algunas cosas, pero no para otras. Así, mientras que el intendente de Bahía Blanca cobra $290.000 cada mes, el presupuesto de uno de los museos para todo el año 2018 asciende a un tercio de ese monto ($100.000). Las cifras son elocuentes. Dime cómo gastas el dinero, y te diré qué política cultural tienes.

ATM – Bahía Blanca

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